¡Buenas tardes, lectores! Hoy quiero
hablaros de una película que compré hace muchos años y que he vuelto a visionar
este fin de semana. Por aquel entonces, me encantaba verla por ese aura de inquietud
intelectual que desprende, esa sensación de estar con tus compañeros estudiando
y sentir esa presión del futuro sobre ti. Por supuesto, la película va mucho
más allá de eso. Os estoy hablando de Private School (School Ties) dirigida
por Robert Mandel, con guion de Dick Wolf y Darryl Ponicsan. El
reparto estaba encabezado por jóvenes actores promesa que terminaron
convirtiéndose en grandes estrellas con el tiempo: Brendan Fraser, Chris O’Donnell,
Matt Damon y Ben Affleck.
Este largometraje de 103 minutos nos
cuenta la historia de David Greene (Brendan Fraser), un adolescente judío que consigue una
beca en una escuela elitista preuniversitaria gracias a su don como jugador de
fútbol americano. Pero la condición es severa: no debe decir bajo ningún
concepto que es judío. David no está muy por la labor de tener que
ocultar quién es en realidad, pero al llegar a la escuela y conocer a sus
compañeros se da cuenta inmediatamente por la forma despectiva en la que hablan
de los judíos que debe ocultar su identidad:
“Regateaste como un judío”. “Y eso que
no es judío”.
Cuando David escucha esas
palabras, sabe que no encajará en el mundo de sus compañeros si conocen su
religión. Él quiere sentirse parte del grupo, quiere encajar, disfrutar del
curso en compañía. Este sentimiento lo empuja a hacer todo lo posible para
conseguirlo. Cuando el profesor tutor aparece en el cuarto para pedirles que
quiten la música y dejen de armar escándalo, se burla del profesor haciendo
sonidos de animales, lo que le hace que se gane el respeto del grupo. De la
misma manera, “Mack” McGivern, decide no apagar la música y desafiar al tutor
quien no lo tendrá en estima durante el curso.
Tras esta escena vemos a David
feliz porque ha sido aceptado en el grupo hablando con su compañero de cuarto, Chris
(Chris O’Donnell). Es esto precisamente lo que motiva verdaderamente a David
a ocultar su religión y símbolo de ello es la acción que lleva a cabo
con su medalla. David se quita la cadena que porta el símbolo judío y la
guarda dentro de una cajita.
A partir de aquí vemos a David
asistiendo a clases con sus compañeros, integrado en el grupo, hasta que
llegamos al primer partido de fútbol americano donde él tiene que jugar como quarterback,
asumiendo el puesto de Charlie Dillon (Matt Damon). Ambos son amigos,
pero aquí se genera el primer conflicto entre ellos y empezamos a conocer a Charlie
como el antagonista de David. Los defectos de Charlie realzan las
virtudes de David a medida que el largometraje avanza.
El equipo gana el partido gracias a
David quien tuvo que saltarse una tradición judía por jugar. Pero al caer la
noche, tal como le prometió a su padre, acude a la iglesia a rezar por el “Comienzo
del nuevo año judío” (Rosh Hashaná). El director de la escuela lo
descubre y le pide que se vaya sin ser visto, pero además lanza una pregunta al
protagonista que más tarde hará mella en él:
“¿Ha valido la pena saltarse una tradición
por jugar un partido?”
Metidos en el segundo acto, de
momento, todo parece estar valiendo la pena, pues David está feliz en la
escuela, es un buen estudiante, es la estrella del fútbol, sus compañeros le
tienen aprecio y, por si fuera poco, conoce en una fiesta a Shally Wheeler
(Amy Locane) de la que queda perdidamente enamorado nada más verla, al igual
que ella de él. Y aquí viene el segundo conflicto con Charlie, pues
Shally es su “novia”.
Entretanto, el curso avanza y los
alumnos hacen exámenes. Entre ellos destaca el de francés con el tutor al que
se enfrentaron la primera noche de estancia en la escuela. “Mack” suspende y no
puede con la presión. Sufre una crisis nerviosa y tienen que llevárselo en un
estado delirante en el que el pobre Mack no deja de repetir en voz ahogada el
texto que tenía que recitar en el examen. David enfurece y amenaza al
profesor por ser el culpable del estado de su amigo.
Entonces, vemos una interesante
conversación entre Charlie y David donde Charlie le confiesa que lo
envidia porque sabe lo que quiere y se esfuerza por conseguirlo, pero no morirá
si no lo consigue. Envidia el hecho de que solo se rija por lo que siente y
quiere él mismo y no por lo que los demás esperan de él. Además le afirma:
“Atraes a la gente porque sabes lo
que quieres”
Poco después, David queda con Shally
para tomar algo y conocerse mejor. Ella saca de nuevo a la luz las diferencias
entre él y Charlie:
“No eres como los demás chicos.
Tienes un lado serio”
Después de esto, la trama se acelera.
Vemos un nuevo partido de fútbol americano, donde las familias de Charlie y
Shally se presentan a David y alaban su talento en el juego. Charlie le pide a
David que le de la oportunidad de coger el balón para lucirse ante su padre y
David, a pesar de que el entrenador está en contra de eso, le da más de una
oportunidad, pero Charlie las falla todas. Así que, no tiene más remedio que
encargarse él de hacer ganar al equipo, convirtiéndose de nuevo en el “héroe”.
Aquí despliegan los arcos de
transformación y vemos a un Charlie que se siente infravalorado,
invisible, mediocre que es incapaz de destacar en nada tal y como espera su
familia. Al descubrir que Shally y David están juntos, la rabia lo inunda. Para
él todo está perdido. David siente compasión por él, pero Charlie solo
quiere venganza y el destino se lo pone fácil: se entera de que David es judío.
Entonces, Charlie desvela en los
baños, mientras todos se duchan celebrando la victoria en el partido, que David
es judío y les ha engañado a todos. Ambos se pelean, a pesar de que David no
quiere y lucha para no golpearlo.
Después de esto, David decide
recuperar su medalla y se la pone. Ya no tiene que ocultar más su identidad.
A partir de este momento, David
es marginado y humillado por el grupo, siguiendo las burlas de Charlie. El
único que lo defiende es su compañero de cuarto, Chris, aunque no recuperan el
trato que tenían.
Shally rompe con David porque sus amigas se
burlan de ella:
“¿Qué se siente al besar a un judío?,
¿su nariz estorba?”
Shally afirma que lo deja porque le mintió
y no le dijo que era judío desde un principio, pero en realidad, David tenía
razón en no contárselo porque ella no habría salido con él y sus acciones se lo
confirman. David la deja ir, entendiendo sus razones aunque no las comparta.
Su mundo se ha venido abajo, como le
había ocurrido en muchas otras ocasiones, y ahora no es más que un judío al que
todos quieren echar de la escuela. No importan sus altos valores, ni su buen
hacer en el campo de fútbol, ni el buen trato que tiene con todos, es judío y
eso es suficiente para marginarlo y olvidarse de todo. Es este el mensaje
cruel y de denuncia del largometraje. Y lo vemos llegar a su máximo esplendor
cuando en el final, Charlie decide hacer chuletas para el examen de
historia para poder aprobar. Copia todo el examen y David y Rip lo ven, pero no
lo delatan saltándose así el código de honor. Lo malo es que Charlie cae la
chuleta al suelo sin darse cuenta y el profesor la encuentra.
Tras el profesor exponer a los
alumnos que si el culpable no confiesa, suspenderá a todos, los alumnos se
revolucionan y comienzan a hacer conjeturas de quién puede haber copiado,
culpándose los unos a los otros.
David va a ver a Charlie y le pide que
confiese. Charlie se niega y le pide que siga callando, incluso trata de comprar
su silencio, pero David le afirma que si no lo confiesa, lo contará él porque
no puede permitir que suspenda toda la clase.
Finalmente, en la reunión de alumnos,
Charlie finge que va a confesar para que David no lo delate y lo acusa de
copiar. David trata de defenderse y de contar la verdad, pero es la palabra de
uno contra el otro. Todos acuerdan votar por el culpable y el que salga elegido
de los dos tendrá que ir al director a confesarlo. David acepta las normas del
grupo aunque no las comparta y espera los resultados.

Obviamente, todos se debaten entre
hundir la carrera de un “Dillon” o de un judío y, al final, injustamente acusan
a David quien acata las órdenes y va a ver al director para mentir y decir
que él fue quien copió. Para fortuna de David, su compañero Rip se adelanta
y acusa a Charlie. Tanto Rip como David son perdonados por infringir el código
de honor, pero Charlie es expulsado. David se encara con el director al
este decirle que olvidarán lo sucedido, pues le recuerda que no lo olvidarán
porque él sigue estudiando en la escuela, pero lo necesitan para ganar en los
partidos de fútbol y él los necesita para poder ir a Harvard.
Después, David se despide de Charlie quien
le dedica una “cariñosa” sentencia: “Terminaré yendo a Harvard.
Dentro de diez años se habrán olvidado de esto, pero tú seguirás siendo un
judío”. A lo que David responde con una media sonrisa: “Y tú un
capullo.”

Como bien se refleja en el film, la
historia denuncia lo que ocurría con los estudiantes judíos en la época de 1950.
Los comportamientos vejatorios a los que estaban sometidos y lo difícil que lo
tuvieron. Es una pena ver cómo se discrimina a una persona por su condición
religiosa, cómo la gente se deja llevar por los clichés (estereotipos) aún
siendo la persona (en el caso del protagonista David) encantadora. ¿Es que
el ser humano sigue sin saber mirar en el interior de las personas? Vivimos
en el mundo de la imagen y las apariencias, sin darnos cuenta de que la única
prioridad es el ALMA. Lo único que importa y tiene valía. Hoy en día
estamos más abiertos a este concepto, pero sigue quedando mucho camino por
trabajar. Sería tan sencillo vivir en paz y armonía, pero nos empeñamos en
dificultarlo todo. Esta película es un vivo reflejo de ello. David bajo la
apariencia de uno más, es aceptado en un grupo de élite. Si miente y finge ser
algo que no es, puede vivir “feliz”, de lo contrario será expulsado del grupo y
de lo que todo el mundo tiene derecho a tener en esta vida: felicidad.
Cada uno debe ser lo que es y estar
orgulloso de ello; aportar al mundo lo que haya venido a aportar y tratar de
ser aceptado por lo que es y no por algo que no es. La verdad siempre termina
saliendo a la luz en algún momento. Es un camino difícil y duro, pero no
imposible.
La película también denuncia la
presión a la que estaban sometidos los estudiantes preuniversitarios de élite.
El miedo que sentían a defraudar a sus familias, a no estar a la altura, a “manchar”
su apellido. Miedo que a muchos llevaba a la locura al suspender o no lograr
sus objetivos. Es triste ver el padecimiento de estos muchachos que solo
quieren ser admirados y aceptados por su familia cuando estas, en la gran
mayoría de los casos, les imponían lo que debían hacer o estudiar sin tener en
cuenta sus deseos o sus capacidades. Ese nivel de exigencia les hacía mucho
daño. Pienso que querer lo mejor para los hijos es algo natural, pero no se
debería de imponer lo que deben hacer o no, creo que los hijos deben tener
libre albedrío para hacer lo que les motive y les haga felices aunque no sea lo
que los padres sueñen. Afortunadamente, creo que ese concepto hoy en día ha
cambiado bastante.
Por otro lado, cabe destacar las
actuaciones de Brendan Fraser y Matt Damon quienes defienden muy
bien sus roles opuestos aunque ambos buscan “lo mismo”: ser aceptados. La
diferencia es que David es legal, se esfuerza con trabajo duro para lograr sus
objetivos y Charlie es capaz incluso de hacer trampas con tal de lograr sus
objetivos. David está orgulloso de quien es y sus raíces, sin embargo, Charlie
se siente infravalorado, se siente inferior, incapaz de satisfacer los deseos
de su familia.
En este largometraje ya vemos a un
joven Brendan Fraser que interpreta con fiereza al personaje
protagonista, llenándolo de fuerza, veracidad y emotividad. Un joven actor que
se rompe en los momentos más frágiles del personaje y que se desgarra en las
duras escenas dejando su huella única y asomando con plena luz su capacidad
interpretativa característica que conmueve al público en cada escena.
Os recomiendo ver esta película, no
os defraudará.
¡FELIZ VIERNES!
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cualquier duda o consulta:
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